martes 30 de junio de 2009

RESENA DEL PUBLISHERS WEEKLY-NUESTRA SENORA DE LA NOCHE



Our Lady of the Night Mayra Santos-Febres, trans. from the Spanish by Ernesto Mestre-Reed. Harper Perennial, $13.99 paper (368p) ISBN 978-0-06-173130-3

Set in the early- to mid-20th century, the latest from Santos-Febres (Sirena Selena) brings to life the story of Isabel “La Negra” Luberza Oppenheimer, Puerto Rico's most infamous madam and owner of Elizabeth's Dancing Place. The daughter of a migrant worker, Isabel is abandoned as a baby and raised by a kindly godmother until her early teenage years, when she is sent to work as a servant for a local aristocratic family. Later, she becomes entangled with prominent bachelor Fernando Fornarís, and things heat up: a pregnancy, her foray into selling black market booze and an expansion into becoming “not a madam, an emancipated woman” at a very steep cost. A complicated look into the notorious woman's struggle for a liberated and independent life, the book takes a boldly feminist stance that, thankfully, is not a woeful account of maternal guilt. The style can be heavy-handed, but Isabel remains, to her tragic end, a marvelously constructed character. (Aug.)

miércoles 17 de junio de 2009

SOBRE LEER-Bioy Casares

Leer es añadir un cuarto a la casa de la vida.

Bioy Casares

martes 16 de junio de 2009

UN ESCRITOR EN LA INTIMIDAD- ROBERTO BOLANO

Mi cocina literaria es, a menudo, una pieza vacía en donde ni siquiera hay ventanas. A mí me gustaría, por supuesto, que hubiera algo, una lámpara, algunos libros, un ligero aroma de valentía, pero la verdad es que no hay nada.

A veces, sin embargo, cuando soy víctima de irrefrenables ataques de optimismo (que finalizan, por otra parte, en alergias espantosas) mi cocina literaria se transforma en un castillo medieval (con cocina) o en un departamento en Nueva York (con cocina y vistas de privilegio) o en una ruca en los faldeos cordilleranos (sin cocina, pero con una fogata). Metido en estos trances generalmente hago lo que hace toda la gente: pierdo el equilibrio y pienso que soy inmortal. No quiero decir inmortal literariamente hablando, pues esto sólo lo puede pensar un imbécil y a tanto no llego, sino literalmente inmortal, como los perros y los niños y los buenos ciudadanos que aún no se han enfermado. Por suerte, o por desgracia, todo ataque de optimismo tiene un principio y un final. Si no tuviera final, el ataque de optimismo se convertiría en vocación política. O en mensaje religioso. Y de ahí a sepultar libros (prefiero no decir "quemarlos" porque sería exagerar) hay un solo paso. Lo cierto es que, al menos en mi caso, los ataques de optimismo se acaban, y con ellos se acaba la cocina literaria, se desvanece en el aire la cocina literaria, y sólo quedo yo, convaleciente, y un ligerísimo aroma de ollas sucias, platos mal rebañados, salsas podridas.

La cocina literaria, me digo a veces, es una cuestión de gusto, es decir es un campo en donde la memoria y la ética (o la moral, si se me permite usar esta palabra) juegan un juego cuyas reglas desconozco. El talento y la excelencia contemplan, absortas, el juego, pero no participan. La audacia y el valor sí participan, pero sólo en momentos puntuales, lo que equivale a decir que no participan en exceso. El sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose. Digamos, como un detalle inexcusable de cortesía.

Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.

Si tuviera que escoger una cocina literaria para instalarme allí durante una semana, escogería la de una escritora, con la salvedad de que esa escritora no fuera chilena. Viviría muy a gusto en la cocina de Silvina Ocampo, en la de Alejandra Pizarnik, en la de la novelista y poeta mexicana Carmen Boullosa, en la de Simone de Beauvoir. Entre otras razones, porque son cocinas que están más limpias.

Algunas noches sueño con mi cocina literaria. Es enorme, como tres estadios de fútbol, con techos abovedados y mesas interminables en donde se amontonan todos los seres vivos de la tierra, los extinguidos y los que dentro de no mucho se extinguirán, iluminada de forma heterodoxa, en algunas zonas con reflectores antiaéreos y en otras con teas, y por supuesto no faltan zonas oscuras en donde solamente se vislumbran sombras anhelantes o amenazantes, y grandes pantallas en las cuales se observan, con el rabillo del ojo, películas mudas o exposiciones de fotos, y en el sueño, o en la pesadilla, yo me paseo por mi cocina literaria y a veces enciendo un fogón y me preparo un huevo frito, incluso a veces una tostada. Y después me despierto con una enorme sensación de cansancio.

No sé lo que se debe hacer en una cocina literaria, pero sí sé lo que no se debe hacer. No se debe plagiar. El plagiario merece que lo cuelguen en la plaza pública. Esto lo dijo Swift, y Swift, como todos sabemos, tenía más razón que un santo.

Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en best-sellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria.

En mi cocina literaria ideal vive un guerrero, al que algunas voces (voces sin cuerpo ni sombra) llaman escritor. Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado. Sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel.



Encontrado en: http://old.clarin.com/suplementos/cultura/2001/03/25/u-00301.htm

UN ESCRITOR EN LA INTIMIDAD- ROBERTO BOLANO

Mi cocina literaria es, a menudo, una pieza vacía en donde ni siquiera hay ventanas. A mí me gustaría, por supuesto, que hubiera algo, una lámpara, algunos libros, un ligero aroma de valentía, pero la verdad es que no hay nada.

A veces, sin embargo, cuando soy víctima de irrefrenables ataques de optimismo (que finalizan, por otra parte, en alergias espantosas) mi cocina literaria se transforma en un castillo medieval (con cocina) o en un departamento en Nueva York (con cocina y vistas de privilegio) o en una ruca en los faldeos cordilleranos (sin cocina, pero con una fogata). Metido en estos trances generalmente hago lo que hace toda la gente: pierdo el equilibrio y pienso que soy inmortal. No quiero decir inmortal literariamente hablando, pues esto sólo lo puede pensar un imbécil y a tanto no llego, sino literalmente inmortal, como los perros y los niños y los buenos ciudadanos que aún no se han enfermado. Por suerte, o por desgracia, todo ataque de optimismo tiene un principio y un final. Si no tuviera final, el ataque de optimismo se convertiría en vocación política. O en mensaje religioso. Y de ahí a sepultar libros (prefiero no decir "quemarlos" porque sería exagerar) hay un solo paso. Lo cierto es que, al menos en mi caso, los ataques de optimismo se acaban, y con ellos se acaba la cocina literaria, se desvanece en el aire la cocina literaria, y sólo quedo yo, convaleciente, y un ligerísimo aroma de ollas sucias, platos mal rebañados, salsas podridas.

La cocina literaria, me digo a veces, es una cuestión de gusto, es decir es un campo en donde la memoria y la ética (o la moral, si se me permite usar esta palabra) juegan un juego cuyas reglas desconozco. El talento y la excelencia contemplan, absortas, el juego, pero no participan. La audacia y el valor sí participan, pero sólo en momentos puntuales, lo que equivale a decir que no participan en exceso. El sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose. Digamos, como un detalle inexcusable de cortesía.

Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.

Si tuviera que escoger una cocina literaria para instalarme allí durante una semana, escogería la de una escritora, con la salvedad de que esa escritora no fuera chilena. Viviría muy a gusto en la cocina de Silvina Ocampo, en la de Alejandra Pizarnik, en la de la novelista y poeta mexicana Carmen Boullosa, en la de Simone de Beauvoir. Entre otras razones, porque son cocinas que están más limpias.

Algunas noches sueño con mi cocina literaria. Es enorme, como tres estadios de fútbol, con techos abovedados y mesas interminables en donde se amontonan todos los seres vivos de la tierra, los extinguidos y los que dentro de no mucho se extinguirán, iluminada de forma heterodoxa, en algunas zonas con reflectores antiaéreos y en otras con teas, y por supuesto no faltan zonas oscuras en donde solamente se vislumbran sombras anhelantes o amenazantes, y grandes pantallas en las cuales se observan, con el rabillo del ojo, películas mudas o exposiciones de fotos, y en el sueño, o en la pesadilla, yo me paseo por mi cocina literaria y a veces enciendo un fogón y me preparo un huevo frito, incluso a veces una tostada. Y después me despierto con una enorme sensación de cansancio.

No sé lo que se debe hacer en una cocina literaria, pero sí sé lo que no se debe hacer. No se debe plagiar. El plagiario merece que lo cuelguen en la plaza pública. Esto lo dijo Swift, y Swift, como todos sabemos, tenía más razón que un santo.

Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en best-sellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria.

En mi cocina literaria ideal vive un guerrero, al que algunas voces (voces sin cuerpo ni sombra) llaman escritor. Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado. Sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel.



Encontrado en: http://old.clarin.com/suplementos/cultura/2001/03/25/u-00301.htm

lunes 25 de mayo de 2009

HOMENAJE A MARIO BENEDETTI POR DANIEL MORDZINSKY

lunes 18 de mayo de 2009

MUERE BENEDETTI

El escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, de 88 años, falleció hoy domingo en su domicilio.

Mito de la literatura hispanoamericana del siglo XX y quizáS la conciencia poética de todo un continente. Autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos, ensayos y guiones de cine. Una obra de compromiso social y coherencia, de alguien que creyó "en la vida y en el amor, en la ética y en todas esas cosas tan fuera de moda". Su novela La Tregua (publicada en 1960) es uno de los faros de la literatura del continente, con más de 140 ediciones en 20 idiomas.

Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado. En esta obra presentía ya el final de sus días, a la vez que insistía en la soledad sin su amada Luz (su esposa, que falleció en 2006, luego de 60 años de casados) y con un mundo reducido: "Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor se lo llevó la muerte/ y no sé para quién seguir viviendo".

Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme". El mismo dijo: “la poesía es "un altillo de almas", un "tragaluz para la utopía" y "un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte". "Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía", afirmaba.

Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Pedro Guerra, Rosa León, Juan Diego o Nacha Guevara son solo algunos de los cantautores que han puesto música a los versos de Benedetti.

Cultivó también el género del cuento, del que dijo: "es el género más gratificante, tanto para el autor como para el lector, pues desde tiempo inmemorial a las personas les gusta que les cuentes cosas, y a algunos nos gusta contarlas".

Fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).

lunes 4 de mayo de 2009

MI VIDA ES UN CUENTO BREVE DE IWASAKI

Fernando Iwasaki dice que un cuento breve tiene que tener varios características. Tiene que narrar algo, tiene que tener un ambiente, tiene, sobretodo, que echar mano de los sistmas de referencias culturales del lector para que este pueda completar el cuento con su lectura. Mientras más conozca un lector el sistema de referencias al que alude el cuento breve, más podrá gozárselo, más podrá descubrir lo que el cuento sugiere. Podrá abrir el texto, verlo , no como un texto solitario, sinocomo un enramado que entra en conversación con una tradición, con una cultura.

Eso dijo Iwasaki en su taller de microcuento:El tamaño no importa" el lunes 20 de abril en Puerto Rico.

Ahí fue que yo alcé la mano y dije que las Culturas se instalan en ciertos poderes y en ciertos silencios.Entonces nos pusimos a hablar de eurocentrismos y de política. Fernando nos mandó a callar y a escribir microcuentos. Bueno, no nos andó a callar propiamente.Hablamos un poquito más acerca de filosofía, política e historia de construcción de cánones y del concepto de lo que es cultura universal. Pero, al fin y a la postre, nos callamos y nos pusimos a escribir,que siempre la acción es más productiva que la plática.

Yo le dí al microcuento. Comparto mi resultados preliminares en "lugarmanigua"




El secreto de Ulises

1. Cuando Ulises llegó a Itaca, llegó mintiendo. Su mentira no se debía al cambio de apariencia que le dio Palas Atenea al transformarlo en un viejo pordiosero y así ayudarlo a vengarse de los pretenientes de su Penélope. Su mentira era el cuento que andaba contando. Mintió cuando le echó la culpa a Poseidón por haberlo retenido lejos de Itaca oprque cegó a su hijo el cíclipe Polifemo. Mintió cuando narró sus los enfrentamientos con Circe la hechicera , su viaje al inframundo, y lo que le dijeron los muertos. En realidad, su ausencia de diez años, menos los siete que pasó en la cueva con Calipso, no se debieron al viaje diferido. Se debieron a otro viaje. Pero, por lo menos, su mentira ocultaría lo que Ulises vivió por tantos años, viajando en el trance de los lotófagos.


2-La venganza de las sirenas

Porque no pudieron salvar a Perséfone del rapto de Hades, las Oceánidas fueron castigadas. Convertidas en terrible animal, mitad mujer, mitad pez.¿Qué iban a hacer ellas, pobres ninfas que eran, contra dios tan tenebroso? Pero ahora que son monstruos, tienen poder.

Si lo hombres caen presa de sus cantos, ellas se los comen. De algo hay que alimentarse. Pero el plan de las Sirenas es otro. El plan es salvar a todas las mujeres de los raptos de los hombres. Que no lleguen con sus barcos a robarlas, a someterlas al terrible cautiverio del hogar. Las sirenas, en verdad, tan sólo cumplen la encomienda que cuando ninfas no pudieron.

De paso, responden a las secretas plegarias de Penélope.


3- Concilio de dioses

Los dioses se reunieron en la Gran Montaña cuya cima rebasa las nubes. Llegaron de todas partes de la Creación. Montados en Damballa Wedo la Serpiente, llegó Shangó con sus tres esposas Obá, Ochún y Oyá. De las regiones ecuatoriales vinieros Hunapú e Ixbalanque, Chac el rey de la Lluvia y Tlaloc, todos montados en la serpiente emplumada. El gran Dragón de la Lluvia y el de la Tierra trajeron a Izanagi y a Izanami. Los recibieron los dioses del Olimpo. Allí, todos los dioses de la creación (que son legiones) se sentaron en concilio a conversar.

-Ya nadie nos reconoce.- acometió Izanagi- Hemos sido desplazados por una sola familia de dioses.
-Es cierto Zeus, esto no puede ser. –respondió Tlaloc- Nos mandaron a vigilar la creación para que todos los hombres tuvieran fuerzas con quien hablar,a quienes temer y respetar. Cada fuerza debia exhibir su imagen y semejanza. Y las imágenes de los hombres son muy distintas.

-Eso… No todos son jinchos y barbudos- apuntó Oyá.- Los hay prietos y amarillos.

-Los hay dados al silencio y la meditación- añadió ***

-Están esos que se relación mejor con la muerte que con la vida- expresó Ixbalanque-

-Porque, no es por nada, dioses del Olimpo- señaló Huracán que junto con Pachamama Takín, llegó montado en una nube- ¿ué de nuestros cuentos, qué de los saberes que les hemos transmitido a nuestros protegidos a través de revelaciones y profecías? Esas valen tanto como las suyas. ¿Vamos a dejar perder todo ese saber?

Zeus y los suyos oyeron las quejas de los otros dioses. Hermes, que junto con Elegguá y Hanuman, tomaba nota de todo lo discutido, pararon sus plumas ante el silencio de Zeus. Shangó, por lo bajo, le ehó mano a su arma por si Zeus quería pelea. A fin de cuentas, él no era el único rey de rayo.

-Hermanos, oigo sus reclamos, pero me temo que nada puedo hacer para atenderlos.

Un murmullo de protesta se dejó oir entre los conciliados.

-Esta batalla hay que ganarla en el reino de los humanos. Nosotros, los dioses occidentales no tenemos la culpa de habernos convertido en el capital simbólico del mundo globalizado.

- ¿Cómo fue eso, hermano?- preguntó Elegguá

Zeus procedió a dictar cátedra acerca de ciertos conceptos de los cuales los diosos debían tomar nota. Les comentó que el capital cultural era otra de las fuerzas que afianzaban la hegemonía del mundo Occidental sobre la Tierra. De que, mientras el las fuerzas del capital post-indutrial reinaran, el arte (y uno de sus temas favoritos- la recreación de los mitos y religiones humanas) se convertía en capital simbólico que afianzaba influencia, lograba prestigio y aseguraba éxitos de venta en Soteby’s y en Hollywood. Bordieu, Baudrillard, - nombró todos esos nombres. Los secretarios de los dioses tomaron nota.


Así terminó el concilio. Los dioses del mundo desplazado partieron cabizbajos, con una larga lista de lecturas bajo el brazo. Había mucho qué estudiar sobre el mundo de los hombres, si querían ganar esta batalla.